El regreso al ático fue un tormento de pensamientos encontrados para Elena. Al cruzar el vestíbulo, la iluminación cálida de la estancia principal revelaba la figura de Alessandro, quien trabajaba concentrado en su despacho con la puerta entreabierta. La vista del hombre que, en medio de su frialdad, había dado órdenes expresas para cuidar de su madre, le generaba a Elena un remordimiento insoportable.
Se dirigió a su habitación, se quitó el abrigo y se sentó frente al peinador. Apoyó los codos