El silencio en el despacho se volvió ensordecedor. Elena sintió que las piernas le fallaban; el aire dejó de entrar en sus pulmones mientras la voz del guardia de seguridad aún resonaba en el altavoz del teléfono.
—¿A dónde se la llevaron? —exigió Alessandro, con un tono peligrosamente bajo y controlado—. Revisa las cámaras de seguridad del hospital ahora mismo.
—Estamos en ello, señor. Salieron hacia la carretera norte. El señor Leonardo presentó la documentación de la tutela, falsificó el con