El sonido de los tacones de Elena alejándose hacia la salida del ático resonó con una frialdad absoluta en los oídos de Alessandro. Aunque Chloe continuaba hablándole al oído sobre los patrocinadores de la gala hípica, la mente del magnate no estaba en el evento. Sus ojos permanecían fijos en la puerta principal, irritado por la indiferencia aplastante con la que Elena había abandonado el lugar.
—¿Alessandro? ¿Me estás escuchando, querido? —preguntó Chloe, pasando una mano de uñas pulidas cerca