Celeste
James comenzó a follarme despacio. Tan jodidamente lento que tuve que morder mi labio inferior para no suplicarle que lo hiciera más duro.
Era una sensación deliciosa. Podía sentir su grosor abriéndose paso en mi estrecho canal, provocando un sonido húmedo y obsceno cada vez que su pelvis golpeaba duro contra mis glúteos cuando se hundía hasta el fondo. Tan malditamente bueno.
En otro momento me hubiera gustado tomarnos nuestro tiempo y saborear cada instante de tenerlo dentro de mí, p