Valentina
El silencio dentro del deportivo no era paz, sino un cristal frágil al borde de hacerse pedazos. Michael no conducía rápido por el placer de la velocidad, sino para quemar la energía oscura que emanaba de su cuerpo tenso y fuerte.
Yo no miraba la carretera. Lo miraba a él.
Mis ojos trazaron el recorrido de su cuello hacia su mandíbula tensa, la forma en que su camisa blanca, inmaculada, se estiraba sobre sus hombros anchos.
Estaba furioso, sí, pero esa furia le daba un aura de poder