Elizabeth
Las puertas de la biblioteca se cerraron y el sonido del seguro a mis espaldas hizo que la anticipación latente me erizara la piel. El aire se volvió denso, cargado de una tortuosa y deliciosa expectación.
Kane guardó la llave en el bolsillo del pantalón de su traje a la medida.
—Desapareciste antes de que la cena terminara —me reprochó Kane. Su voz era un ronroneo bajo, un roce oscuro y áspero que provocó que mis pezones se endurecieran al instante bajo la seda.
Era tan humillante co