LA PROPUESTA
Emil abrió la puerta para recibir a una Siena con un rostro demasiado cansado.
–¿Estás bien? –preguntó.
Siena se echó a sus brazos.
–Estoy harta.
–¡Oye! ¿Qué pasa? Ven.
Emil la condujo al sofá y se sentaron.
–¿Quieres contarme o es confidencial? –preguntó.
–No creo que haya nada confidencial en que mi jefe me tiene cansada –declaró Siena.
Emil la rodeó con su brazo y la atrajo hacia él. Ella se acurrucó allí y cerró los ojos.
–No tenemos a nadie a quién encerrar, y, disculpa que di