PACIENTEMENTE
–Siena, Oliver –llamó Liam.
–Sí, señor.
–Vengan aquí.
Ambos se acercaron a la oficina de su jefe, diligentes.
–Aquí tengo su permiso para que se entrevisten con esa paciente de la clínica psiquiátrica. Ojalá sirva de algo.
–Perfecto, señor.
Se retiraron de allí y fueron a ponerse sus abrigos.
–Vamos ahora mismo, ¿no? –preguntó Oliver.
–Claro, no tengo otra cosa mejor que hacer. ¿Y tú?
Oliver se encogió de hombros. Ambos se dirigieron juntos en el coche de Oliver hacia la clínica,