EL SUEÑO HÚMEDO DE SIENA
Oliver y Emil habían llegado puntual a la hora que ella los había citado. Ambos sabían que se encontrarían allí, por lo que no se sorprendieron al verse las caras en la puerta del apartamento de Siena. Sólo se miraron y no se saludaron.
–Adelante, pasen –invitó Siena.
Entraron y Emil besó en los labios a Siena, mientras que Oliver le dio una palmadita en el hombro. Emil se acomodó en el sofá y se cruzó de brazos.
–¿Bebemos algo? –preguntó Siena, tomando unos vasos del a