Capítulo veintitrés: mordidas.
Comí. Por primera vez en mi vida, se me olvidaron los modales a la hora de comer, devoré el plato lleno de tostadas, huevo y salchicha. Por suerte, no había nadie en la habitación.
Era como si todo mi apetito sexual se transportó a mi estómago. Hoy tuve la mayor cantidad de sexo en mi vida, en un solo día. Era como si hubiera completado una rutina de ejercicio y eso me produjera un hambre insaciable.
Tomé del jugo de naranja y me vestí con un conjunto que encontré en el closet. Pantalón n