Dejé el plato limpio. Austin no se había terminado su comida, su mente había pasado a procesar la información.
―Bien. Lo haré. Necesito la información de tu cuenta de banco. O, ¿lo quieres en efectivo?
―No hemos discutido el precio.
―Tranquila ―Sonrió―. Yo no te haré regatear como el viejo de la casa de cambio. Te pagaré el doble de su valor.
Las mejillas se me encendieron.
―No quiero el doble. Quiero que me pagues el precio justo. Su verdadero valor.
Austin iba a seguir comiendo, pero se