Capítulo sesenta y tres: En la trampa del enemigo.
La cabeza me daba vueltas, ese olor dulce y la amargura en mi lengua seguían presente. Sentía el rostro adormecido. Abrí los ojos y la luz me cegó. Pude mover las extremidades, pero me sentía fuera de mí, como si mi alma estuviera residiendo en un cuerpo ajeno. Estaba en el suelo, sucio y polvoriento. Me levanté con dificultad y analicé mis alrededores. Por lo grande que era, parecía un depósito, un almacén. Lo que estaba segura es que llevaba años abandonado. Todo estaba cubierto de mugre y t