Capítulo sesenta y cuatro: Pesadilla hecha realidad.
La historia se repetía. La cabeza me daba vueltas y una vez más mi rostro estaba adormecido, mis ojos ardían y mi nariz aún podía olfatear ese olor tan familiar.
Nunca me acostumbraría a ese líquido.
Mis extremidades fueron despertando y me levanté. Observé el lugar y estaba en el mismo almacén, sola. Williams ya no se encontraba por ningún lado, ni mi prueba de embarazo. Pero había una diferencia significativa, el portón estaba abierto.
―¿Hola? ¿Williams? ―Esta vez sí estaba muy interes