Capítulo sesenta y ocho: Sin protección.
Esa tarde, fuimos directo a la casa de Austin. El camino fue largo. O al menos lo sentí así porque tenía muchas ganas de orinar y me daba vergüenza decirlo mientras estábamos en el coche.
Nos detuvimos frente a una mansión. Esperé ver muros alto y electrificados como en la casa madre, pero fue todo lo contrario. Era una mansión moderna, no había portón, solo un camino de piedra lisa que nos conducía a través de un césped bien cuidado. El coche se estacionó frente a la casa que estaba hecha p