Capítulo sesenta y nueve: Cena.
El restaurante era ostentoso, con música ranchera, no de las que se utilizaría en una fiesta para emborracharse, estas eran más suaves. Tomamos asiento y debía admitirlo, estaba nerviosa.
―¿Cómo te sientes? ―preguntó Austin a los pocos minutos.
―Bien ―dije sin más, no sabía cómo seguir la conversación.
Un mesero intervino para tomar nuestra orden.
―Unos tacos al pastor y para la señorita… ―Me miró por pocos segundos, con diversión―, lo más picante que tengas en el menú.
Me sonrojé y e