Capítulo sesenta y siete: dificultades.
Esas palabras me cayeron como un balde de agua fría.
No sabía en que país vivía Austin, pero sabía que estaba muy lejos de aquí. Yo me iba a quedar en esta gran casa encerrada mientras él estaría a miles de kilómetros de distancia. Me tragué la tristeza al tiempo que la habitación caía en un rotundo silencio.
―Hablemos en otro lado ―sentenció el hombre que era mi esposo.
Me besó en la frente con un mensaje parecido a: “no te preocupes”.
Salieron de la habitación, dejándome sola con mu