Grecia lo miraba con atención, su corazón latía con fuerza en su pecho, ansiosa por lo que estaba a punto de revelarle. La atmósfera a su alrededor se sentía densa, como si el aire mismo estuviera cargado de tensión. Los árboles que rodeaban el pequeño café ondeaban suavemente con la brisa, pero la tranquilidad del lugar contrastaba con la tormenta que se desataba en su interior. Sus ojos, que antes brillaban con una mezcla de esperanza y preocupación, ahora reflejaban una inquietud evidente.
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