Los que habían defendido a Lindsy se sonrojaron. Tenían expresiones extrañas.
Ya no podían soportar su hipocresía. ¡No podían creer que hubieran sido tan tontos por confiar en ella!
Al ver a Isabella temblar de miedo con la cabeza agachada, se sintieron aún más culpables.
—¿Qué hemos hecho? —dijo alguien—. ¡Le hemos hecho daño a una joven tan linda!
—¡Hemos pecado! —añadió otro.
Lindsy intentó poner fin al drama. Finalmente se dio cuenta de que algo iba mal con la reacción de la gente y dijo con el rostro rígido: —Sé que están tratando de defenderme, pero ella es solo una estudiante de universidad. No podemos arruinarle la vida por esto. Por favor, sean amables.
—¡Por Dios! —exclamó alguien—. ¡Voy a vomitar! ¡Es repugnante!
Esa voz fue como un interruptor: inmediatamente todos miraron a Lindsy con disgusto.
—Anda, hazte la inocente. ¡Me arrepiento de haberte creído!
—Te ves tan vil en el video, y sin embargo actúas como una santa. ¿Cómo puedes ser una estrella? No lo comprend