Lily acudía a la casa de los Star tres veces por semana, de viernes a domingo.
Con una diseñadora reconocida como profesora, Ana se sentía más confiada y pasaba largas horas en la sala de diseño conversando y trabajando con Lily.
Viernes por la tarde.
Ana y Isabella esperaban al conductor de la familia frente a la escuela. Aquel día, llegó un poco tarde.
De repente, una niña corrió hacia ellas y, con los ojos brillantes de emoción, se dirigió a Ana:
—¿Eres Ana? Escuché que eres aprendiz de