Alexander la condujo hasta la antigua casa de la familia Montgomery, donde alguna vez habían vivido Mistine y Christopher. El lugar se sentía tranquilo, casi vacío; apenas quedaban unos pocos sirvientes.
Una vez dentro, Alexander evitó a todos y tomó a Isabella de la mano, llevándola directamente al invernadero de flores.
Al abrir la puerta, Isabella se quedó sin aliento.
Una vasta extensión de rosas blancas cubría todo el salón.
No eran flores cortadas, sino cuidadosamente plantadas,