Alexander, con el rostro sereno y un paquete de patatas fritas en una mano, sostenía a Isabella con la otra. No tenía el más mínimo aspecto de enfermo.
Isabella sonreía, divertida, como si estuviera presenciando un espectáculo.
Detrás de ellos, William, Jason y el jefe observaban sin expresión, con la fría determinación de quienes habían venido a cerrar el círculo.
Había sido demasiado descuidado.
Resultó que no era él quien los había manipulado como a unos tontos…
eran ellos quienes había