Ser parte de las Fuerzas Especiales era considerado un honor supremo.
Era la rama más prestigiosa del ejército, aquella a la que la mayoría de los soldados soñaban con unirse.
Sin embargo, no era fácil: solo los más destacados lograban ser aceptados.
Tras rigurosas pruebas y competencias, era el jefe quien finalmente decidía quién estaba calificado.
De vez en cuando, él mismo visitaba los campamentos de verano militares para buscar nuevos talentos.
Este año, Isabella fue la única candidata