—Yo también —añadió Chelsea, todavía pálida—.
Ambos pensaron que hacer ejercicio era menos peligroso que entrar a una casa del terror.
—Está bien, cuídense —respondió Isabella, agitando la mano con una sonrisa divertida.
Y así, despidió a sus dos amigos, que parecían dos sillas de ruedas humanas alejándose tambaleantes.
---
De nuevo a solas, Alexander sonrió y acarició las mejillas de Isabella con ambas manos.
—Eres increíblemente lista —le dijo con cariño.
Ella sonrió con orgullo.
Cuando estaban por marcharse, una voz sonó desde los altavoces del parque:
—¡Hola! ¿Les gustaría trabajar aquí a tiempo parcial?
El tono del hombre era completamente sincero; si esas dos personas trabajaban allí, sería el éxito del año.
Alexander rodeó los hombros de Isabella y le preguntó, fingiendo seriedad:
—¿Qué dices? ¿Quieres venir a trabajar aquí a medio tiempo?
—¿Por qué me lo preguntas a mí? —replicó ella, divertida.
Alexander la miró con ternura y respondió con naturali