Las lágrimas brotaron de los ojos de la princesa, que, con la voz quebrada, se volvió hacia Simon:
—Te gusta esa mujer, ¿verdad? Entonces ve tras ella… ¡persíguela por mí!
Simon, aún aturdido por todo, parpadeó confundido.
—¿Qué? No entiendo lo que dices.
No estaba acostumbrado al acento acelerado de la princesa en el idioma de Foxvale.
La princesa se quedó sin palabras por un momento, tragando su frustración. Finalmente, suspiró con dramatismo y repitió, esta vez en el torpe idioma de Wallsvale:
—Tú… ir… corre… ¡búscala! —dijo con un marcado acento, gesticulando desesperadamente.
Simon solo pudo mirarla con una mezcla de confusión y ternura, sin saber si reír o consolarla.
—No voy a hacer eso —dijo Simon con firmeza, negándose sin dudar.
—¿Por qué no? —replicó la princesa, indignada—. ¡Si te gusta, ve tras ella!
Simon suspiró con calma, aunque en su voz se percibía una leve tristeza.
—Todo lo que quiero es que ella sea feliz. Si lo es, yo también lo estaré.
La