capítulo 193

Isabella las miró con una sonrisa suave y dijo con voz dulce:

—Qué buen día hace. Salgan y disfruten del sol. No regresen en dos horas.

Las recepcionistas quedaron atónitas.

Miraron hacia afuera, donde el sol caía a plomo: el calor era insoportable.

Si permanecían allí tanto tiempo, acabarían con quemaduras y deshidratadas.

Volvieron la vista hacia Isabella, suplicando compasión, pero ella ni siquiera las miró, y con calma se secó el sudor de la frente con una toallita húmeda.

Xavier, que por lo general era un caballero, sabía que su profesión requería dureza cuando era necesario. No podía permitirse titubear en un momento tan delicado.

—Están despedidas. Salgan y quédense al sol durante dos horas. ¡Ahora! —ordenó con impaciencia.

Las tres se quedaron petrificadas, temblando, sin atreverse a moverse. No querían perder aquel empleo cómodo y bien pagado, pero el asistente de Xavier las expulsó con una escoba antes de que pudieran pedir clemencia.

Así fue como perdieron su trab
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