Tomás fue detenido por los guardias fuera de la casa. Ana salió sin prisa, con el mentón en alto y una sonrisa cargada de desprecio.
—Señor Star, ¿qué lo trae por aquí? —preguntó con desdén.
Su actitud hizo que a Tomás se le tensara la mandíbula. La había tratado como a su propia hija durante diecinueve años, y aun así se sentía culpable por no haberla educado mejor. En ese momento, pensar en ello le resultaba repulsivo.
—¿Por qué diste un testimonio falso en el tribunal? —le reclamó con voz