¿Dónde demonios puso la mano ese muchacho?
Su ceño se frunció con furia.
¿Cómo podía ese mocoso atreverse a tocarla así, y en público? ¡Bella era demasiado inocente para entender estas cosas y saber defenderse!
Durante un instante, el anciano estuvo tan enojado que deseó cortarle la mano al muchacho descarado.
Aun así, se contuvo; no era apropiado armar un escándalo frente a tantas personas.
Su mirada se volvió gélida y fija en la mano de Alexander, esperando que tuviera la sensatez de retirarla.
Pero Alexander, fiel a su carácter desafiante, no se movió ni un milímetro. Mantuvo la mano en el mismo lugar, ajeno a la tensión.
Su expresión parecía decir: “Así estoy bien. ¿Y qué puede hacer al respecto?”
El viejo señor Johnson reprimió un gruñido. No veía a Isabella desde hacía tiempo y quería hablar con ella tranquilamente, pero no sabía cómo empezar.
Por suerte, en ese momento llegó el técnico que habían mandado a llamar para revisar el monitor del paciente.
El hombre examin