Sin pensarlo, Isabella avanzó un paso y le dio una bofetada tan fuerte que el sonido resonó por toda la estancia.
La princesa se tambaleó, y el intérprete, que intentó intervenir, recibió una patada que lo mandó de cabeza al basurero.
—Has sido su perro por demasiado tiempo —dijo Isabella con voz fría—.
¿Ya olvidaste que eres de Wallsvale?
¿Cómo puedes llamar “mala vida” a alguien de tu propio país? ¿Eres un animal?
El intérprete intentó levantarse, pero la mirada glacial de Isabella lo c