Al principio, James solo se sintió atraído por el elegante auto deportivo que pasaba junto a él. No podía apartar los ojos de aquella máquina reluciente.
Cuando llegó al semáforo, miró de reojo y descubrió que la conductora era nada menos que Isabella.
James quedó asombrado.
—¿Ese no es un modelo que cuesta más de un millón? —murmuró incrédulo.🩷
No pudo evitar pensar:
> “Bella, si ya tienes un deportivo tan caro, ¿por qué te obsesionaste tanto con mi vieja motocicleta destartalada?”
Cada vez que lo recordaba, sentía un vacío: extrañaba su moto, aquella que perdió en una apuesta.
Aun así, nunca le pediría que se la devolviera.
Isabella, sin apartar la vista del camino, apoyó la mano en la ventanilla y golpeó el volante con un dedo, respondiendo con calma:
—Oh, porque no sé cómo modificar una motocicleta. Y tú la arreglaste muy bien.
El “manitas” James se quedó sin palabras.🩷
Aun así, ya que se habían encontrado, decidió acompañar a Isabella hasta su destino.
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