capítulo 10

Isabella se mostró agraviada.

—Yo no me acerqué a él. Es mi compañero de escritorio. Ana me dijo que debía ser amable con mi compañero.

Ana se tensó por un segundo; esa había sido su propia recomendación, hecha con arrogancia mientras presumía de lo popular que era en la escuela.

Su sonrisa se congeló un instante, pero enseguida se recompuso. Tomó a Isabella del brazo y dijo con falsa dulzura:

—No me expliqué bien. Lo siento mucho, Bella.

Adriana intervino con firmeza:

—Es suficiente. Ana está muy ocupada y no puede cuidarte siempre. Pregúntale cuando tengas dudas y no vuelvas a cometer los mismos errores, ¿de acuerdo?

Estaba disgustada, pero al mismo tiempo sentía lástima por Isabella. Esperaba que algún día pudiera comportarse como una dama, al igual que Ana.

Pero los malos hábitos adquiridos en diecinueve años no se borraban de la noche a la mañana.

Esa mañana, solo Ana disfrutó realmente el desayuno. Isabella se sintió aburrida.

Hubo un tiempo en que había quer
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