Isabella se mostró agraviada.
—Yo no me acerqué a él. Es mi compañero de escritorio. Ana me dijo que debía ser amable con mi compañero.
Ana se tensó por un segundo; esa había sido su propia recomendación, hecha con arrogancia mientras presumía de lo popular que era en la escuela.
Su sonrisa se congeló un instante, pero enseguida se recompuso. Tomó a Isabella del brazo y dijo con falsa dulzura:
—No me expliqué bien. Lo siento mucho, Bella.
Adriana intervino con firmeza:
—Es suficient