Ana aceptó la idea. Nadie soportaría la idea de perder a una hija talentosa. Como Isabella ya no vivía en la casa, todo lo que quedaba era mostrar el valor de Ana para que sus padres la apreciaran y así conservar su lugar.
Además, si quería seguir siendo la señorita Star, tendría que mantenerse en el foco público y demostrar su talento ante los demás.
Ella respondió con calma: —Está bien.
Más tarde, Ana llamó a Lily para hacerle algunas preguntas.
Ya no la admiraba; solo la necesitaba.
Tomás no creyó las palabras de Ana ni las de Lily sobre el incidente del vestido falso.
Por eso no la despidió, pero sí le retuvo la bonificación de un año como castigo.
Lily se sintió agradecida de conservar su trabajo, así que se esforzó aún más por la familia Star y enseñó a Ana con mayor dedicación.
Iba cada vez que Ana la llamaba, sin importar si era fin de semana o día laborable. Y hoy no fue la excepción.
Lily ya no era tan arrogante como antes. Incluso trataba de agradarle a An