La noche envolvía la ciudad en una calma inquietante, mientras Ana caminaba hacia la habitación de hotel donde Ónix la había citado.
Llevaba un vestido negro que abrazaba su figura, segura de que aquella noche sería diferente, que Ónix por fin cedería a sus deseos.
Al entrar, su sonrisa era radiante, casi confiada.
Pero algo en la mirada fría de Ónix la detuvo en seco.
Sin previo aviso, Ana comenzó a desvestirse, dejando caer su vestido al suelo con un aire de coquetería estudiada. Ónix no reacc