El aire fresco de la tarde golpeó el rostro de Blair al salir apresuradamente de la cafetería. Su respiración estaba agitada, no tanto por el paso rápido que había adoptado, sino por la mezcla de enojo y frustración que la consumía. Los zapatos de tacón resonaban contra el pavimento mientras avanzaba hacia la esquina, levantando una mano para detener un taxi.
—¡Taxi! —gritó, aunque su voz estaba cargada de furia.
Mientras el vehículo se acercaba, una sombra familiar apareció a su lado. Massimo.