El sol comenzaba a hundirse en el horizonte, tiñendo el cielo con matices anaranjados y rosados. Blair observaba las sombras alargarse por la carretera mientras el auto de Massimo se deslizaba suavemente entre los caminos del pueblo. Había algo melancólico en aquel atardecer, como si el cielo mismo compartiera la tristeza que invadía su pecho.
—¿Estás bien? —preguntó Massimo desde el asiento del conductor, lanzándole una mirada fugaz antes de volver la vista al camino.
Blair tardó unos segundos