El avión privado de los Agosti tocó tierra suavemente, pero para Blair, el sonido del aterrizaje fue un golpe que la trajo de regreso a una realidad que aún no podía aceptar. A través de la ventanilla, observó la pista iluminada por luces cálidas que se extendían como un mar interminable. Massimo, sentado frente a ella, no apartaba la mirada de su rostro, estudiándola con una intensidad que la incomodaba.
Blair rompió el silencio con una súplica desesperada.
—Massimo, por favor, reacciona. No p