El ambiente dentro del avión privado parecía cargado, como si el aire estuviera impregnado de electricidad. Blair, con el corazón acelerado y el pulso tembloroso, sintió que el suelo bajo sus pies se tambaleaba al escuchar las palabras de Massimo. Sus ojos, normalmente serenos, chispeaban con una furia contenida mientras miraba al hombre que sostenía a su pequeña hija en brazos.
—¿Qué acabas de decir? —su voz, aunque baja, estaba cargada de incredulidad y rabia.
Massimo no se movió, sus brazos