El caos en el aeropuerto era palpable. Ricardo Agosti avanzaba con paso firme, con el rostro endurecido por la tensión, mientras su esposa Ana intentaba mantenerse estoica a su lado. Eddie, su hijo menor, caminaba un poco rezagado, con una expresión de falsa calma que apenas ocultaba el fuego que ardía en su interior. Lauren Morelli, impecablemente vestida, seguía a la familia con una sonrisa ligera que no alcanzaba sus ojos.
Los flashes de las cámaras los cegaron al instante. Un enjambre de re