La noche era un manto oscuro que cubría la ciudad, salpicada de estrellas pálidas que apenas se atrevían a asomar entre las nubes. La mansión Vitali, imponente y solemne, se erguía como un gigante silencioso en medio de un jardín meticulosamente cuidado. Las luces cálidas de su interior brillaban a través de las amplias ventanas, ofreciendo una apariencia acogedora que contrastaba con la frialdad de su atmósfera.
Lauren Morelli estacionó su auto frente a la entrada principal y bajó con determin