—Señor Agosti, este es el baño de damas, ¿acaso no lo sabe? —dijo Blair, tratando de mantener su tono neutral y distante, aunque un leve temblor traicionaba su aparente calma.
Massimo no respondió de inmediato. Dio un paso hacia delante, con sus ojos verdes e intensos clavándose en los de ella como si intentaran desentrañar un secreto largamente oculto. Blair sintió que el aire se volvía más pesado, cada respiración un esfuerzo consciente. Había rabia en sus ojos, sí, pero también un destello d