La noche se asentaba densa y silenciosa sobre la ciudad, como un velo negro cubierto de incertidumbre. Las luces tenues de los edificios parpadeaban a lo lejos, pero en el despacho de Massimo Agosti, la penumbra era la única testigo de su inquietud. El aroma del cuero de los muebles y el leve olor a madera vieja impregnaban el aire, mezclándose con el humo del cigarro que había dejado consumir en el cenicero.
Massimo, con los codos apoyados sobre el escritorio y las manos entrelazadas en un ges