Moira
—Ven aquí muchacha—suspira—no me hagas tirar la puerta abajo.
Muerdo mi labio asustada, mis manos obedecen a su orden y mis ojos se encuentran con el rojizo brillante en los suyos.
—¿Estás bien?
Suena genuinamente preocupado, doy un ligero asentimiento de cabeza aunque lo que realmente quiero es gritar. Bajo mi mirada a la camisa sangrante, veo que está rasgada, no me agrada la preocupación que genera en mí.
La chaqueta no está igual que sus zapatos. Esa incertidumbre dentro de mí me hace