Esa noche, después de un día lleno de trabajo, risas y café compartido con Alex, nos dirigimos a casa de mis padres. La decisión de intentar ser padres ya estaba entre nosotros, y queríamos que la familia lo supiera de primera mano, con nuestro abrazo y nuestras sonrisas.
Alex conducía con calma, y yo iba a su lado, entrelazando mi mano con la suya. El cachorro dormía plácidamente en su cesta, ignorante de la emoción que se cocía en el aire. Cada tanto me miraba y sonreía, como diciendo: “Hoy t