Punto de vista de Luis
Uno a uno, trituré los huesos de Mateo para que fueran el espejo de mi antigua lesión. El Diablo me había dado los detalles: el daño espinal, las vértebras específicas. Lo imité todo con una precisión divina. Cuando partí la parte inferior de su columna, la sacudida subió por mi brazo como un canto de victoria.
Mateo se agitó, intentó transformarse y gateó débilmente sobre la tierra. Pero su cuerpo se estaba convirtiendo en el mío: paralizado, roto y sin voz.
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