Punto de vista de Luis
Dentro de esas paredes, mi chica fingía una sonrisa para un marido al que no amaba. Para una familia que la veía como un peón. Probablemente aún olía a aceite de rosas. Recordaba el aroma aferrado a su piel como un remordimiento.
Dios, odiaba lo mucho que recordaba.
Sentí de nuevo el tic en mis dedos. El poder me picaba, pidiendo ser usado. Necesitaba un escape. Pronto. O partiría un árbol a la mitad solo por la emoción.
—¿Y bien, qué piensas? —preguntó Iván.
Parpad