Punto de vista de Luis
—¡Maestro mío! Gracias. No soy digno... pero me ganaré este honor.
El diablo me observaba con esos ojos hechos de eternidad fundida.
—Pero —continué, levantando la cabeza lentamente, con la mirada salvaje—, hay una cosa que debo pedirte.
El Diablo inclinó la cabeza ligeramente. Sus alas masivas se curvaron detrás de él como las ruinas de una catedral caída.
—¿Te atreves a hacerme exigencias? —reflexionó.
—No —dije con firmeza—. Solo una... petición. Por el bien de