Marcelo:
Continuaba en aquella habitación de hospital. Sin que Sofía lo supiera, había corrido con todos los gastos de su estadía, quería la mejor atención posible para ella.
—Lo siento —repetí con un nudo en la garganta—. Lo siento tanto…
Una lágrima rodó por mi rostro. Sofía estaba dormida. Sus párpados cerrados parecían los de un ser frágil y quebradizo. Una tela cubría parte de su frente y encima de su rostro tenía puesta una mascarilla con oxígeno. Odié en ese momento al destino por h