Capítulo 28

Marcelo:

Tras estampar mi puño contra el rostro del imbécil de Armando, él se incorporó, me empujó contra la pared y me dió un puñetazo en las costillas. Logré safarme de su agarre al darle con la rodilla derecha en el estómago con todas mis fuerzas. Él se tambaleó a unos metros de mí.

—¡Llamaré a seguridad! —gritó un doctor—. ¿Creen que esto es un zoológico? ¡Ahí dentro hay una mujer que está siendo operada de urgencia, hagan el favor de comportarse!

Se hizo un silencio. Ambos respirábamo
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