Sofía:
Al final le envié un mensaje a mi madre y le di la dirección de mi hotel. Me quedé toda la noche esperando que apareciera hasta que me quedé dormida. Al día siguiente supe que debía tragarme el orgullo y verla donde ella quería. Pedí permiso en el trabajo para llegar un par de horas más tarde y Robert aceptó, cosa que agradecí.
Juro que no esperé regresar jamás a aquel vecindario privado de casas gigantes, ni atravesar aquel portón cubierto de enredaderas con flores perfumadas. El día