Minutos más tarde, el coche se detuvo frente a la casa de Marta. Marcos ayudó a Laura a bajar y juntos se dirigieron a la entrada principal.
El timbre sonó, la empleada de Marta, los recibió.
—Bienvenidos, la señorita Marta los espera en su habitación.
Laura sonrió de forma amable, aunque el rostro de María no se le hacía conocido.
—Es muy agradable ¿no lo crees? —dijo ella mientras subían las escaleras.
—Sí, ¿no la recuerdas?
—No —contestó encogiéndose de hombros.
—No te preocupes, poco