91. Reconciliaciones
Ana Paula Lago
Por un instante, el silencio se volvió insoportable. Permanecí inmóvil entre ambos, sintiendo cómo la tensión crecía con cada segundo. Arturo no necesitó decir una sola palabra; la rigidez de sus hombros y la dureza de su mirada bastaban para entender que seguía preparado para la guerra.
—Buenos días… —murmuré al fin, intentando romper la tensión. Mi voz sonó débil, insegura, como si me costara recordar cómo se hablaba.
Roberto me dedicó una mirada fugaz, profunda, tan intensa qu